La importancia de la Presencialidad para la Educación Integral

Dr. Melitón Lozano Pérez

Los procesos educativos, hoy más que nunca requieren ser redefinidos, el aislamiento prolongado en el que muchos aprendientes se encuentran exige poner atención a la importancia de la presencialidad como aspecto clave del proceso educativo-formativo. El presente artículo tiene como propósito identificar el papel de la interacción en las emociones, pues en la interacción cara a cara entre aprendiente-aprendiente-educador, que ocurre el desarrollo integral de las niñas, niños, jóvenes, adolescentes y adultos.

Palabras clave

Escuela, educación, interacción, climas de aprendizaje, presencialidad, emociones.

La educación presencial es una de las herramientas más importantes en el proceso educativo, además de la riqueza verbal y no verbal de las comunicaciones que ocurren en la presencialidad, la interacción cara a cara implica un tipo de vínculo, aprendiente-educador en el que las emociones se hacen presentes, aprenden la trama emocional que se vive en el aula, en la escuela, en las familias y en la comunidad con solo vivirla.

Para Maturana, (2007) la existencia del ser implica necesariamente emociones y la emoción que se experimenta en cualquier contexto ocurre en un tipo de relación, por lo que cualquier emoción puede hacerse evidente a través del a interacción. De lo anterior, resulta imprescindible que las y los educadores reflexionen sobre las formas de relación que establecen con las y los aprendientes, y la manera en que dichas emociones se hacen evidentes en la presencialidad.

El acto educativo debe permitir al ser humano, ¡ser más humano!, esto exige una relación de afectividad, reconocimiento y aceptación incondicional del SER, que son la base de la convivencia y del propio conocimiento. Desde esta perspectiva, desarrollar el afecto en las interacciones aprendiente-aprendiente- educador significa que los otros importan, que se toman en cuenta como personas y que al reconocer las necesidades, sentimientos y valores la calidad de la relación humana se fortalece y el acto creador emerge naturalmente.

Sin negar que a la distancia se pueden propiciar relaciones humanas, sin duda; la interacción presencial es más propicia para tales intenciones formativas.

Es en la presencialidad que se tienen tiempos para vivenciar-disfrutar de aprender, las interacciones, las ideas, las emociones vertidas en un comentario, las expresiones de los otros ante una idea o las dudas que se expresen no solo en la pregunta sino también en el rostro, en el tono de voz, el afecto sentido y no expresado entre compañeros, ejemplo. De ello, es la sensación que puede tener el aprendiente de que el tiempo “se pasó volando”, o de que “la clase estuvo interesante o motivante”.

Por último, todas esas riquezas y muchas otras que se viven en el aula, entre compañeros en el momento de entre-aprender son las que cargadas de emoción nos hacen ser lo que somos. En otras palabras, conviene señalar que en la presencialidad es más fácil reconocer las manifestaciones afectivas, los gestos, la mirada, la aprobación, la comunicación, el tono de voz, etc., lo que posibilita al educador generar ambientes propicios para el aprendizaje, en el entendido que las emociones son disposiciones corporales dinámicas que definen los comportamientos y que cuando se cambia de emoción, se cambia de comportamiento.

Con base en lo expuesto, incorporar a los aprendientes a los diferentes esquemas de presencialidad (con medidas de prevención) es una prioridad educativa, ya que lo que se encuentra en juego es su formación integral como seres humanos (ética, cognitiva, física, estética, cívica, emocional). Asimismo, su constitución como ciudadanas y ciudadanos responsables, conscientes de sus derechos y deberes, capaces de tomar buenas decisiones para transformar su vida y su entorno.

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